En la casa de mi abuelo llueve. Estar aquí es como vivir en un pedacito de campo en medio de un desquicio de ciudad, de la que siempre traté de huir y con la cual nunca me sentí identificada. Me propongo volver aquí cada que tenga vacaciones. Se siente bien ver la lluvia caer desde el amplio ventanal del comedor. Me quedaría eternamente mirando cómo las gotas de lluvia resbalan por las hojas, grandes y pequeñas, de todos colores, que hay en el jardín. Las flores lucen preciosas bañadas por el rocío. La tierra se ha llenado de charcos. Y me divierte tanto ver a los pajaritos guarecerse entre los árboles... un gorrión oculto en algún rincón canta, y me llena de emoción. Nunca dejaré de maravillarme ante la belleza increíble que hay en la naturaleza. y es que solo Dios lograría tanta perfección. Pequeña pichiusa, cómo quisiera que seas mi mascota! Pero sí lo eres: tu y todos los pajaritos que viven en el jardín, libres. Ustedes me dan energía y me hacen sentir más ganas de conocerlos, trabajar por cuidarlos e imitarlos, porque ustedes viven felices todos los días y transmiten una contagiante alegría. Y por qué cantan, pequeñines? Porque la vida es bella, haya lluvia o sol.

Son los días de lluvia los que hacen que en pos de guarecerse uno del frío busque, en medio de la también fría ciudad (los que estamos en ella), coger un libro y depositar el cien por ciento de la atención en ese mundo que por un par de horas se hace nuestro.
ResponderEliminarLo mejor que se puede hacer durante unas vacaciones lluviosas es leer un buen libro =]
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