Yo había crecido mi vida entera
oyendo historias sobre Alemania. Hace casi 30 años, mi abuelo vio un anuncio en
el periódico sobre las becas ofrecidas por el DAAD y convenció a mi tío de que
postule. Gracias a ello mi tío culminó una carrera en ingeniería, consiguió un
buen empleo y se casó allá. Años después, cuando mi madre hizo sus estudios de
maestría en España, tuvo la oportunidad de visitar a mi tío en Alemania y quedo
encantada con la belleza de los paisajes y la pulcritud de las ciudades. Hasta
mi hermano mayor celebró su séptimo cumpleaños con un viaje a Alemania. Todo
ello despertó en mí la curiosidad por conocer ese destino y aprender su idioma.
Había pensado realizar mi maestría con el programa de la DW en Alemania, pero
jamás imaginé que viajaría tan pronto: no pensé ser seleccionada para ir a
Bayern. Este sería mi primer viaje fuera del Perú, así como lo fue para algunos
de los peruanos participantes del intercambio.
Una vez en Alemania noté muchas
diferencias con el Perú. Por ejemplo, de camino del aeropuerto de Nürnberg al
Kreisjugendring en Selb, para mí fue impresionante ver la buena señalización y
el excelente estado de las carreteras aún en el interior del país, cuando
muchas zonas del Perú resultan de difícil acceso por estar los caminos
sumamente descuidados. Y cuando los alemanes llegaron al Kreisjugendring creo
que para los peruanos fue una sorpresa notar que aunque todos éramos jóvenes,
teníamos que saludarnos dándonos la mano y no con un beso en la mejilla como
acostumbramos en nuestro país. Algo que me gustó mucho del viaje fue ver el uso
de energías alternativas a través de generadores eólicos -que en el Perú no
existen- y paneles solares, que en mi país son muy escasos. De más está decir
que fue maravilloso sobrevolar Wunsiedel en una avioneta sin motor: Klaus, el
piloto, fue muy amable y gracias a su destreza pude experimentar el mejor y más
emocionante vuelo.
Quedé encantada con los bosques
del Fichtelgebirge y todas las actividades al aire libre que se pueden hacer en
la zona, tan diferente de lo caótico que resulta vivir en una gran ciudad llena
de tráfico y desorden como Lima. Fue muy curioso ver en el Greifvogelpark al
Aguja-Kordillierenadler, que habita en Perú; y en una de las casas que visité
en Großwendern tenían como mascota a un animal que también es peruano: un
Meerschweinchen. De Großwendern me llevo buenos recuerdos de la tarde divertida
que pasé con Lea y Markus, dos jóvenes alemanes participantes del intercambio
que me acogieron en sus casas: paseamos por la ciudad a Ben, el perro de
Markus, y saltamos en una cama elástica como si fuéramos niños. Me llevé
también una taza como souvenir de esa ciudad, pralinés y miel que me obsequió
la madre de Lea. Y al ver a Markus usar su Lederhose, me convencí de que no
habría mejor souvenir que comprar un Dirndel en Bayreuth.
Pasar una semana en Alemania fue
maravilloso y espero regresar algún día para una estancia más prolongada en que
pueda nuevamente recorrer sus hermosos paisajes, además de reencontrarme con
los nuevos amigos que conocí y con los parientes que tengo allá. Me emociona
mucho tener la oportunidad de mostrar a los jóvenes alemanes las maravillas que
mi país esconde, estoy segura de que quedarán impresionados por su belleza y
querrán visitar el Perú más de una vez. Conocer una realidad tan diferente a la
del país en el que nací me hace desear aprender de esa realidad para hacer algo
que mejore la calidad de vida de las personas en el Perú, porque mi país tiene
tantos recursos y atractivos a los cuales sacar provecho que faltan manos e
ingenio para sacarlo adelante. Y yo quiero contribuir con lo mucho o poco que
pueda hacer, a ser parte de su progreso. Gracias Alemania, por ser mi fuente de
inspiración para luchar por mi país.